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Día Nacional de Donación de Trasplantes
Lolita Ayala



Amigas y amigos

Nunca se da tanto, como cuando se regala esperanza.

¿Y qué es la vida, sino esperanza?

Nuestra vida transcurre en un instante y es la esperanza la que marca el rumbo y determina nuestras acciones.

Por eso es vivificante, congregarnos hoy para celebrar un hecho que se escapa a toda calificación: la decisión individual de algunos, de regalar vida, cuando la propia á llegado a término.

Pero también, para reconocer la generosidad y el valor de las familias que haciendo valer esa voluntad, le dan curso y permiten que el milagro se concrete.

La naturaleza humana es un bien inapreciable, pero frágil.

El rumbo de una vida puede alterarse radicalmente por la enfermedad o por una circunstancia adversa.

Y es ahí cuando la voluntad de los donadores de órganos y sus familias, abre un sendero a la esperanza.

Miles de personas en nuestro país, y particularmente en la ciudad de México, aguardaba en silencio esa luz que les permita continuar entre nosotros.

Esa esperanza, larga, lenta y tortuosa, ve consumirse el tiempo, los resabios de vida y los últimos atisbos de salud.

Para todos ellos, la espera representa proyectos inconclusos, acciones postergadas, sueños incumplidos y finalmente resignación hacia un final anunciado, pero no por ello, menos doloroso.

Cuando una persona se inscribe como donador voluntario de órganos, tejidos y células, abre un resquicio a la esperanza.

En su decisión de regalar vida después de la vida, esta permitiendo que esos sueños se cumplan, y abriendo la posibilidad de que esos proyectos se concreten.

Una frase muy común señala que “El verde es esperanza”

Nunca antes,  la afirmación ha sido más acertada.

Al portar un moño verde, como señal de nuestra disposición de regalar vida, estamos haciendo más y más larga esa cadena de voluntades y les decimos, a  esas miles de personas, que esperan con estoicismo, que esa esperanza late y late fuerte.

He tenido el privilegio, de presenciar en repetidas ocasiones, el portento de conocimiento, destreza y capacidad de los cirujanos y esa dosis de milagro que representan los trasplantes de órganos. 

He sido testigo de cómo la vida se abre paso y logra restituir, en un receptor, funciones vitales desaparecidas a causa de la enfermedad o la disfunción orgánica.

Este encuentro es especial, porque además de marcar el inicio de la semana nacional de donación de órganos, que concluirá el 27 de septiembre, es propicio para hacer público nuestro reconocimiento a donadores voluntarios y a familias que decidieron salvar vidas, cuando la vida de uno de sus miembros, estaba a punto de extinguirse.

Son ustedes, ejemplo a seguir, no solo porque con su generosidad han salvado a otras personas y mejorado la calidad de vida de muchos que atravesaban por situaciones límte.

También porque con su valor y decisión, están enviando un inapreciable mensaje a la sociedad: El de aprender a valorar la vida a tal grado, que debemos ser capaces de darla a otros cuando nuestro final se aproxime.

Las reformas a la ley de salud que permitieron crear el consejo y el centro de trasplantes del distrito federal son acciones de responsabilidad social que es oportuno reconocer.

Los capitalinos disponemos ahora de un aparato eficiente para la procuración órganos para donación y trasplante.

A la vez, nos encontramos ante la urgencia de disponer de l a materia pria para que esta labor de vida se intensifique u rinda frutos.

Por eso es tan importante  promover la donación voluntaria de órganos y asegurarnos de que el tradicional déficit de órganos sea superado.

Allá afuera, miles de personas aguardan riñones, páncreas, corazones, córneas, hígados o un pulmón.

Otro tanto espera la llegada de tejidos, huesos, piel y células precursoras o roductoras de sangre.

Hago desde aquí un nuevo llamado a la población para inscribirse en el registro local de donadores.

La ley en el distrito federal indica que todos somos disponentes y podemos donar nuestros órganos y tejidos.

A diferencia de otros problemas de salud, los trasplantes dependen de la solidaridad y altruismo de la población.

Apelo a ese altruismo y a ese sentido de solidaridad tan propios de los mexicanos y reitero el llamado a sumarnos a esta causa de vida.

Me honra participar en esta ceremonia en la que se confiere el reconocimiento al mérito y al altruismo de los donadores.

Cada una de sus historias reivindican la esencia de la condición humana y ratifica una verdad que todos debemos de asumir como un compromiso personal.

Los órganos no se entierran se donan.

Gracias, muchas gracias y que Dios los bendiga.

 




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